Un aspecto básico para llevar a cabo el diseño de una obra arquitectónica y posteriormente poder ejecutarla con exactitud, es el uso de las adecuadas unidades de medida. El uso de las unidades de medida, tales como las asociadas a la longitud, área y volumen viene desde los inicios de la civilización, y sin él hubiera sido prácticamente inconcebible la creación de espacios habitables adecuados.

Orígenes de las Unidades de Medida

Hasta hace relativamente poco tiempo, la base para crear los distintos sistemas de medidas y sus unidades, fueron las medidas del cuerpo humano. ¿Cuántas veces no hemos podido apreciar la escala de un objeto hasta que observamos a un ser humano junto a él?, lo más probable es que muchas. De ésta manera surgieron medidas que empleaban como referencia algunas partes del cuerpo, como lo es el pie, la pulgada (que viene de la longitud del dedo pulgar), el codo (que viene de la longitud del antebrazo hasta el codo) o la yarda (que viene de la longitud del brazo extendido hasta la nariz).

En este punto se puede apreciar que era un sistema práctico y sobre todo fácil de consultar al no ser necesarias herramientas para medir más que el propio cuerpo, además era un sistema perfectamente adaptable a la arquitectura si consideramos que el punto básico para generar las dimensiones de un diseño es el propio ser humano.

Razones para adoptar el sistema Métrico Decimal

Sin embargo el problema de este tipo de sistemas de medición es que son muy imprecisos, pues todos los seres humanos tenemos medidas corporales diferentes en relación a nuestra edad, fisonomía, origen étnico, etc. Los primeros sistemas de medidas estandarizados surgieron entonces a raíz de que para regular estas medidas, se estableció que éstas corresponderían a las propias del cuerpo del líder o gobernante en turno. Uno de los ejemplos más famosos de éstos sistemas es el sistema anglosajón de unidades, basado en las medidas corporales de los monarcas británicos y que actualmente sólo se emplea en los Estados Unidos, por diversas razones políticas y económicas.

El establecimiento del sistema métrico decimal como sistema internacional de unidades (SI) supuso un cambio muy significativo en el uso de las unidades de medida, pues permitió su uso en el ámbito científico y técnico al simplificar los cálculos matemáticos necesarios para obtenerlas, usando para todas las medidas la misma base, el número diez. En México se implementó oficialmente el sistema métrico decimal desde la promulgación de la Constitución de 1857, en concordancia con la fuerte influencia que ejercía el modelo republicano francés en el México de aquella época, aunque su uso no se popularizó hasta la época del reinado de Maximiliano de Habsburgo, por lo que comúnmente se cree que éste último fue quien decretó su utilización.

Uso cotidiano de unidades de medida en la arquitectura y la construcción

Entonces, ¿Porqué seguimos empleando medidas inglesas en nuestras construcciones? o más bien en los materiales que utilizamos para las mismas. Es importante recordar la influencia cultural y económica que ejercen los Estados Unidos no solo en nuestro país, sino en todo el mundo; muchos materiales y productos empleados en la construcción se producen ya sea en fábricas norteamericanas, o con diseños, maquinaria, herramientas y equipos procedentes de nuestro vecino del norte. Incluso las hojas que empleamos para imprimir cotidianamente pertenecen a los sistemas ANSI y ARCH de origen norteamericano (acotados en pulgadas) y no al sistema ISO 210 (acotado en milímetros) de uso en la mayoría de los países del mundo y que proviene del sistema DIN 476, de origen alemán.

El sistema métrico decimal tiene una compatibilidad al convertir entre unidades para diversas escalas, lo que lo hace más práctico, ya que sólo se requiere recorrer el punto decimal para cambiar de unidades, así 1.20 metros pueden ser 120 centímetros o 1200 milímetros, en cambio una yarda son 3 pies, media braza o 36 pulgadas, eliminando cualquier concordancia matemática entre distintas unidades y haciendo más complejo convertir de una medida a otra, si a eso le añadimos el uso de pulgadas fraccionales o decimales (1/4 de pulgada equivale por ejemplo a 0.25 pulgadas) se vuelve muy difícil hacer cálculos de áreas o volúmenes que se adapten a nuestros estándares (por ejemplo obtener el área en metros cuadrados de un espacio construido con medidas en pies y pulgadas).

En uno de los rubros donde esta complejidad es más evidente es en todos los sistemas basados en paneles, donde se ha impuesto el estándar de 4 x 8 pies que se traduce burdamente a 1.22 x 2.44 metros (en realidad son 1.2192 x 2.4384 metros), lo que provoca más desperdicios e imposibilita el uso adecuado de una retícula de diseño basada en metros o milímetros, ya que se tienen que utilizar demasiados decimales para expresar las medidas reales, obstaculizando el uso de múltiplos cerrados que hagan más eficientes los cálculos, el diseño y la construcción de los proyectos (por ejemplo es mucho más fácil que las personas encargadas de ejecutar un trabajo coloquen las piezas cada metro en vez de cada 1.22 metros).

Normalmente la solución mas simple para éste problema es reconvertir las medidas en sistema inglés al sistema internacional y tomar los decimales excesivos como tolerancias, procurando que los módulos, distancias entre ejes y modulaciones se adecúen a números decimales y no fraccionarios. La comprensión de en qué elementos tienen prioridades las distintas unidades de medida es vital para crear construcciones precisas y que también puedan ser ejecutadas de la manera más simple posible, evitando así errores y retrasos.

Fuentes

  • Neufert, Ernst “Arte de Proyectar en la Arquitectura” Editorial Gustavo Gili, México 1995

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