Charles Édouard Jeanneret, mejor conocido por su seudónimo profesional como “Le Corbusier”; fue un arquitecto suizo nacionalizado francés, que se convirtió en uno de los principales promotores del movimiento moderno en la arquitectura; el cual tuvo su mayor desarrollo sobre todo en la primera mitad del siglo XX. Le Corbusier no solamente destacó por lo innovador de sus obras, sino también por sus prolíficos ensayos, escritos y teorizaciones que se convirtieron en una contribución invaluable para el desarrollo de la arquitectura, el arte y el urbanismo en los siguientes años. Entre sus valiosas contribuciones a la teoría de la arquitectura, destacan; el sistema de medidas “Modulor” que propone un diseño más enfocado en las dimensiones del cuerpo humano y el desarrollo de las “4 composiciones” formas básicas a seguir en el diseño arquitectónico; todo esto obtenido tras el análisis y reflexión sobre las obras y diseños de sus primeros diez años de trabajo (de 1920 a 1930) dentro de la arquitectura moderna.

“Muy Fácil”

Uno de los primeros ejemplos de las ideas de Le Corbusier sobre cuáles deberían ser las principales características de la arquitectura del movimiento moderno, lo constituye el ejercicio teórico de las casas “Dom-ino”, proyecto que pensaba llevar a cabo con la colaboración del ingeniero Max du Bois y que surgió en el año de 1914 como respuesta a los estragos que la Primera Guerra Mundial estaba produciendo en Europa. La destrucción de las ciudades hacía necesario que cuando acabase el conflicto se pudieran levantar de nuevo miles de viviendas lo más rápido posible y que éstas tuvieran las condiciones de seguridad e higiene necesarias para agilizar la recuperación de las zonas afectadas por la guerra. El sistema “Dom-ino” consistía en convertir la construcción de casas en un proceso industrial y sistematizado, el núcleo del sistema lo constituían estructuras vacías de concreto que consistirían en cimentaciones, losas y columnas aisladas.

“Mas bien Fácil”

De ésta forma el desarrollo de los muros divisorios y las fachadas quedaba separado del desarrollo de los sistemas estructurales, contribuyendo así a que el diseño arquitectónico fuera más fácil y práctico; al tener una distribución más libre y amigable con el usuario. Todos los componentes (núcleo estructural, muros divisorios, puertas, ventanas, etc.) se ensamblarían en diversas fábricas y serían llevados al sitio de obra para ser simplemente ensamblados.

En un giro con enfoque más artístico, Le Corbusier decide abandonar el rígido racionalismo constructivo todavía presente en el proyecto de las casas “Dom-ino” y explora otras aproximaciones al concepto arquitectónico tendiendo a favorecer un poco más el formalismo al tener básicamente resuelta la cuestión estructural, empleando elementos estilizados y ocultos que no compiten estéticamente con otros elementos arquitectónicos. Un proyecto que es ejemplo de esta aproximación es la casa “La Roche-Jeanneret” en donde las formas arquitectónicas se determinan por el entorno circundante respetando los árboles existentes previamente en el terreno y por las necesidades de los espacios arquitectónicos que tienen su forma particular cada uno y se combinan unos con otros creando un juego de formas geométricas que rompe la simetría estricta, lo que genera en planta una forma más variada, creando un “paseo arquitectónico” que busca un mayor equilibrio estético.

“Muy Difícil”

El movimiento moderno deseaba un mundo más ordenando y evolucionado, en el que la arquitectura debía de ser accesible para todos los niveles sociales, no obstante ésta creencia; Le Corbusier solamente realizó dos proyectos de vivienda social a lo largo de su vida profesional, ambos por encargo del industrial Henri Frugés en Pessac, una ciudad dentro de la región francesa de Burdeos. Estos encargos le dan a Le Corbusier la oportunidad de poner en práctica los principios constructivos del sistema “Dom-ino” que había desarrollado en años previos para acelerar considerablemente la construcción de los conjuntos urbanos.

Al modelo de casa tipo de éstos conjuntos, se le concibió con un diseño extremadamente racional y estrictamente funcional en la forma de un prisma rectangular con cambios mínimos en su geometría, lo cual a pesar de la sencillez formal y constructiva del resultado final, dificultó considerablemente el proceso de diseño arquitectónico restringiendo la libertad de sus formas. Sin embargo, éstos proyectos resultaron resultaron constructivamente muy innovadores no sólo por la aparente simpleza de su diseño, sino por el uso de técnicas que en los años 1920 eran muy avanzadas, como el uso del concreto bombeado.

“Muy Generoso”

Los aprendizajes obtenidos por Le Corbusier producto de las tres composiciones arquitectónicas previamente analizadas, le llevaron a la creación de una de sus obras arquitectónicas más reconocidas y destacadas, la “Villa Savoye”, vivienda residencial en la que sintetiza los principios del movimiento moderno con numerosas soluciones constructivas y por fin llegando a lo que el mismo define como una composición “muy generosa” en que “se afirma una voluntad arquitectónica en el exterior y se atienden todas las necesidades funcionales en el interior”, es decir que se logra un equilibrio entre la estética y la funcionalidad que crea un diseño armonioso.

En conclusión, éstas 4 composiciones conforman una síntesis de los diversos factores que llevan a un diseño arquitectónico a comportarse de una u otra forma, sin ser realmente composiciones antagónicas; así mismo tienen una gran aplicación práctica hasta nuestros días, como legado de un arquitecto ciertamente brillante como Le Corbusier, quien ha tenido una gran influencia en los arquitectos de varias generaciones después de la suya.

Fuentes

  • Cohen, Jean-Louis, “Le Corbusier” Editorial Taschen, Alemania 2006

1 Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *