El concepto arquitectónico es la primera impresión gráfica con la que el desarrollo de un proyecto comienza, por lo que se vuelve crucial para determinar su forma y la línea de diseño que se seguirá en delante. De acuerdo al estilo arquitectónico y sobre todo el modelo de trabajo de quiénes están encargados de éste proceso; existen diversas aproximaciones y puntos de vista de cómo debe crearse un concepto arquitectónico y de qué premisas debe partir.

La creación de conceptos arquitectónicos puede agruparse a grandes rasgos en dos corrientes distintas, que tienen a sus promotores y también a sus detractores. No se trata de que una corriente sea mejor o produzca mejores resultados que la otra; pero sí tienen ventajas y desventajas una sobre la otra; que deben evaluarse de acuerdo a las circunstancias de cada proyecto. El surgimiento de diversas corrientes de pensamiento en la arquitectura está también muy relacionado a la línea académica de las distintas instituciones de donde egresan los arquitectos y a la realidad social, económica, política y artística del lugar en donde ejercen su labor.

La Aproximación Formalista

Cómo su nombre lo indica, un concepto arquitectónico formalista es aquel que se basa en el análisis de la forma pura. Ésta forma pura se somete a numerosos cambios geométricos y volumétricos para configurar un espacio arquitectónico “por fuera”, es decir con una marcada tendencia a desarrollar el interior como resultado de las formas exteriores; teniendo varias fuentes de inspiración siendo las más comunes:

  • Formas de la naturaleza (Plantas, animales, elementos naturales del paisaje)
  • Geometrías Abstractas (Cuerpos y figuras geométricas que pueden tener o no un significado metafórico)
  • Formas del entorno (Inspirarse en objetos, manifestaciones artísticas y formas simbólicas del lugar en que se asentará la obra)
  • Objetos relacionados (Cualquier objeto relacionado a la actividad o función que tendrá un edificio)

La selección de fuentes de inspiración puede depender o no de las condiciones del lugar, mientras que hay arquitectos que defienden a capa y espada la idea de que una obra arquitectónica forzosamente debe mostrar elementos inspirados en su entorno; hay otros arquitectos que defienden la idea de que el concepto arquitectónico debe ser ante todo una creación artística libre que no debe ser restringida por factor externo alguno.

Muchas obras arquitectónicas célebres y memorables parten de la aproximación formalista, en razón de que ésta permite crear edificaciones de formas muy impresionantes y aventurarse a la creación de formas arquitectónicas libres que con un análisis muy técnico no podrían realizarse. Por ésta razón es también el método de trabajo favorito de los “star-architects” o “arquitectos estrella” ya que permite crear proyectos de apariencia más distintiva, que contribuyen a darles mayor fama y reconocimiento, además de establecer un estilo más personalizado con características más artísticas. Algunos arquitectos mexicanos destacados que han empleado la aproximación formalista en sus obras son:

  • Bernardo Gómez Pimienta
  • Teodoro González de León
  • Agustín Hernández
  • Ricardo Legorreta
  • Javier Senosiain

Sin embargo, como en todas las cosas, la bella apariencia de las obras arquitectónicas diseñadas bajo una aproximación formalista, si no se tiene cuidado, a veces sólo se queda en eso…una bella apariencia vacía que sacrifica aspectos muy importantes tales como la funcionalidad, la eficiencia y la utilidad de un espacio arquitectónico. Éstas características que muchas veces se olvidan en grandes proyectos arquitectónicos, en pos de lograr una apariencia espectacular; son las que diferencian una edificación útil, de una simple escultura hueca, que además en la mayoría de los casos, supone una inversión millonaria en materiales y soluciones de ingeniería a la medida para lograr materializar las formas y “caprichos” que el único lugar en que son fáciles de construir es en la mente del arquitecto que las diseña.

La Aproximación Funcionalista

Con el advenimiento del movimiento moderno a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, la arquitectura dejo de ser una disciplina puramente artística para empezar a ingresar al campo de la técnica; derivado de ello, la funcionalidad de los espacios arquitectónicos, desde entonces es un aspecto fundamental en el diseño, por lo que el arquitecto tiene el compromiso de crear un balance entre funcionalidad y buena apariencia en una obra arquitectónica, por lo que aproximarse al concepto arquitectónico teniendo como prioridad la funcionalidad se ha convertido en un método ampliamente utilizado en el diseño arquitectónico, al considerarse una aproximación segura y poco arriesgada.

Una aproximación funcionalista implica trabajar de la mano con el programa arquitectónico desde un inicio, evaluando las relaciones entre espacios arquitectónicos y el área que requieren para su óptimo funcionamiento, configurando así un espacio arquitectónico “por dentro”; es decir, considerando al exterior como un resultado de los requerimientos de espacio interior y a su vez considerando las condiciones que impone el material o sistema constructivo que se piensa emplear para llevar a cabo la obra, para así poder potenciar sus cualidades y aprovechar mejor sus características. Algunos arquitectos mexicanos célebres que han empleado una aproximación funcionalista en sus obras son:

  • Mario Pani
  • Pedro Ramírez Vázquez
  • Juan José Díaz Infante
  • José Villagrán García
  • Juan Sordo Madaleno

La aproximación funcionalista se considera un método seguro y a la vez sencillo para lograr un espacio arquitectónico acorde a las necesidades y actividades para las que es proyectado, trabajando con los espacios y sus medidas desde un principio. Por ello los detractores de éste tipo de conceptos arquitectónicos reclaman que una aproximación funcionalista limita la libertad artística del diseño arquitectónico, conduciendo a un resultado poco estético que puede resultar discordante con el entorno al considerar que también el despertar una emoción al espectador o contribuir a hacer más agradable el entorno también son “funciones” que es importante considerar. En un concepto arquitectónico funcionalista es muy importante complementar el desarrollo técnico con un buen juicio y sentido artístico para producir un resultado que también sea agradable a la vista y complemente la belleza intrínseca de su utilidad.

Por último es importante mencionar que ambas aproximaciones al concepto arquitectónico, tanto de manera formalista como funcionalista, a pesar de sus diferencias no son antagónicas ni privativas; por ejemplo un concepto arquitectónico puede empezar a desarrollarse en base a una forma peculiar (formalista) y transformarse de acuerdo a las funciones a las que se destinará (funcionalista) o de igual manera un concepto que parte de las funciones que desarrollará la edificación proyectada y que luego se desarrolla de acuerdo a las formas que van surgiendo, reforzando su estética.

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