Desde hace dos décadas un término que de antaño solamente se manejaba en el mundo de la informática y la computación; comenzó a emplearse en el mundo de la construcción, la arquitectura y la ingeniería; hablamos del CAD, que por sus siglas en inglés es el Diseño Asistido por Computadora (Computer Aided Design). Desde su implementación en el el medio, se convirtió en una herramienta imprescindible para el dibujo técnico que condenó a la obsolescencia a viejos compañeros de trabajo como el restirador, la regla T, las escuadras e incluso al complejo tecnígrafo.

El dominio del CAD dentro de la arquitectura, no solamente ha desplazado al dibujo técnico, es decir a todo el dibujo relacionado a planos; sino tambien a la expresión gráfica, disciplina en la que hace unas décadas incluso había despachos especializados que contaban con pintores y dibujantes para plasmar de una manera artística el cómo lucirían los proyectos una vez terminados. Una de las razones que influyó en su reemplazo, pese a las excelentes cualidades artísticas y a la relativa rapidez con la que trabajaban los encargados de éstas tareas; fue que el modelado tridimensional (3D) comenzó a mostrar sus ventajas como herramienta ya no sólo para crear ilustraciones realistas, sino como una herramienta que mejora la comprensión de las formas arquitectónicas de un proyecto, facilitando su construcción.

Las ventajas de los sistemas informáticos aplicados a la arquitectura son realmente innegables, siendo la principal de éstas la rapidez y precisión con que el trabajo toma forma, pudiendo ser modificado fácilmente de acuerdo al desarrollo del proyecto y sin tener que repetir dibujos. Sin embargo, el dibujo técnico tradicional sigue conservando algunas ventajas, quizás ya no como método de trabajo, pero sí para la enseñanza de la arquitectura y el desarrollo de cualidades artísticas e incluso para mejorar las habilidades que en la actualidad se aplican a los programas computacionales de dibujo y diseño.

El dibujo tradicional implicaba constantemente mantener el orden y limpieza del lugar de trabajo, contar con un pulso firme y buena habilidad manual para el manejo de las distintas herramientas. Así mismo, en éste tipo de dibujo aunque era menos preciso y el manejo de las escalas era a veces complicado; se plasmaban de una forma más artística los proyectos, llegando muchos de éstos planos a convertirse en verdaderas obras de arte, que aún con los adelantos tecnológicos nos siguen transmitiendo su conocimiento.

En resumen, a pesar de su obsolescencia tecnológica, el dibujo arquitectónico tradicional sigue siendo un testimonio de la creatividad y de la habilidad artística de épocas pasadas, que nos dejan su legado para que nos sea de ayuda en la actualidad. Debemos de darnos cuenta de que las computadoras y sus programas, aún con su inteligencia y automatización, siguen siendo herramientas; como antes lo era una escuadra, una regla T o un tiralíneas; y que como herramientas, están a nuestro servicio y solo crearán obras arquitectónicas bellas y funcionales si las alimentamos con nuestra creatividad y con el sentimiento artístico que como seres humanos poseemos.

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