El diseño es un proceso fundamental en todo proyecto arquitectónico, ya que no sólo impacta en el resultado estético de una obra arquitectónica sino también en el costo de su construcción, su funcionalidad y durabilidad; así como en el grado de dificultad que implicará su conservación en el futuro. Es por ello que en éste artículo damos algunos consejos para optimizar y mejorar los procesos constructivos de cualquier obra; poniendo atención y cuidado, en el diseño y dibujo de los planos.

Casas diseñadas por el Arq. Francisco Artigas en la zona del Pedregal, México D.F.

1- Adaptarse al entorno

No existen dos proyectos arquitectónicos iguales, de la misma manera en que dos objetos no pueden ocupar el mismo espacio. El terreno y su entorno deben ser evaluados para hacer un proyecto que se adapte mejor. Por ejemplo, la topografía del lugar juega un papel preponderante; los desniveles y accidentes geográficos pueden utilizarse para potenciar las cualidades de un diseño, en vez de gastar una gran parte del presupuesto en hacer cortes y grandes movimientos de terracerías. Muchas veces no se respeta la topografía del terreno con la idea de que se ahorrará más presupuesto construyendo una edificación totalmente plana y sin desniveles; lo que termina siendo contraproducente al tener que destinar un buen porcentaje del presupuesto a hacer movimientos de terracerías, muros de contención demasiado altos y acarreo de materiales de relleno. Además, una edificación que se adapta a su entorno, es estéticamente más agradable, es amigable con el medio ambiente y convive mejor con el paisaje.

Planos de construcciones japonesas tradicionales, empleaban un método de módulos y medidas estandarizadas denominado “Kiwariho”

2- Dividir la construcción por módulos y estandarizar medidas

Como ejemplo; en la construcción de edificios industriales, se deben cubrir grandes extensiones con el mayor ahorro y optimización posible de tiempo y presupuesto. La clave para lograrlo, es la estandarización y modulación de los componentes arquitectónicos y constructivos. Ésta practica tiene la ventaja de que una edificación deja de “fabricarse” con un proceso artesanal, para pasar a uno más bien basado en la producción en cadena, lo que permite agilizar la obra y reducir costos, e incluso aumentar la calidad de la misma. Para poder lograrlo desde el proceso de diseño existen una serie de prácticas que ayudan a eficientar el proceso constructivo:

  • Crear una retícula de ejes con el menor número posible de éstos, evitando que haya unos muy cerca de otros.
  • Diseñar las distancias en base a las medidas estándar del material de construcción que se vaya a usar (ladrillo, block, panel, etc.), haciendo que sean múltiplos; de ésta manera se reducen los cortes y desperdicios, agilizando y economizando la obra.
  • Uniformar el tamaño de los claros de puertas y ventanas; es mucho mas rápido y económico producir varias ventanas y puertas de la misma medida que de muchas diferentes. Por ejemplo manejar sólo dos o tres tamaños de puertas y ventanas para todo el proyecto.
  • En diseños que no tengan ángulos rectos en alguna parte; estandarizar los ángulos o radios de curvatura, haciendo que sean múltiplos entre si; por ejemplo, manejar ángulos de 15°, 30°, 60° y 75° o radios de curvatura de 1.50, 3.00, 6.00 y 9.00 m.
Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Cd. de México, diseño del Arq. Francisco Serrano, construido con prefabricados de concreto blanco

3-Diseñar con base en el material

La elección de un material o sistema constructivo es un procedimiento fundamental que debe hacerse desde las primeras etapas de diseño, ya que determina una buena parte de lo que será la forma y aspecto definitivo de un proyecto arquitectónico. También es bueno pensar en las cualidades estéticas de diversos materiales para poder aprovecharlas y así reducir la necesidad de acabados y recubrimientos adicionales; y por supuesto evitar en lo posible la práctica de “disfrazar” un material con otro, ya que aparte de devaluar considerablemente la estética de una edificación, aumenta los costos derivados de aplicar una mayor cantidad de acabados y recubrimientos. Cada sistema constructivo tiene sus ventajas y desventajas, que dependen de en qué tipo de obra y en qué tipo de entorno se quieran aplicar.

Museo Nacional de Antropología, diseño del Arq. Pedro Ramírez Vázquez, ejemplo de una obra arquitectónica funcional y estéticamente agradable

4- Simplificar el diseño en planta

Esta es quizá la recomendación más importante para que un proyecto sea más fácil de construir en menor tiempo. Un diseño en planta más simple; reduce considerablemente el costo en estructuras y hace que un espacio arquitectónico sea más duradero, ya que facilita que se le hagan cambios o adaptaciones a lo largo de su vida útil, contribuyendo a alargarla. De inicio puede ser un poco más difícil organizar en planta un espacio más simplificado, sobre todo en proyectos con terrenos en poco espacio, pero el esfuerzo vale la pena para facilitar el proceso constructivo; algunas recomendaciones para lograrlo son las siguientes:

  • Hacer que los muros sean lo más largos y rectos posible, evitando en lo posible los cambios de dirección y escalonamientos.
  • Evitar los recovecos y huecos pequeños junto a espacios grandes; para lo cual se pueden aprovechar esos espacios como closet, circulación de ductos y tuberías, etc.
  • Uniformar las medidas de los espacios arquitectónicos muy similares entre sí, como lo pueden ser por ejemplo: baños, recámaras, locales u oficinas; convirtiéndolos en módulos estandarizados.
  • Cuando la estructura lo permita, proponer el mayor número posible de muros divisorios como obra falsa; ésta práctica permite hacer modificaciones y adaptaciones en planta de una manera muy sencilla y económica.

5- Agrupar los espacios arquitectónicos de acuerdo a las instalaciones que comparten

Existen algunas instalaciones que tienen que estar presentes en cada rincón de una edificación; como la instalación eléctrica o las de alarmas y cámaras de vigilancia. Mientras que hay otras instalaciones que son más específicas de ciertos espacios arquitectónicos por lo que no es necesario repartir sus ductos o tuberías por todos los espacios; ejemplos de estas instalaciones son el gas y la obra hidrosanitaria, que se emplean en espacios muy específicos, como pueden ser baños, cocinas, lavandería, etc. En estos casos, si ponemos lo más cerca posible estos espacios que comparten una instalación más especializada, se reduce la cantidad de canalizaciones necesarias, así como el recorrido que éstas deben realizar, lo que además de ahorrar material y trabajo, mejora la calidad del servicio que la instalación proporciona.

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