Cuando miramos una edificación podemos percibir una serie de sensaciones que van más allá de lo que nuestros ojos perciben como agradable o desagradable, como claro u oscuro, como lleno o vacío. Las formas arquitectónicas pueden expresar en sus composiciones ciertos valores, emociones e intenciones y generan que en nuestra mente asociemos ciertos pensamientos a lo que estamos observando en aquel momento. Ésta es la razón de porqué las tiendas son atractivas y nos invitan a entrar…y comprar, o porqué cuando llegamos a una vivienda bien diseñada nos sentimos tranquilos y listos para descansar, igualmente es la razón de porqué los centros gubernamentales nos expresan el poder de los burócratas y los centros financieros el poder de los empresarios e inversionistas.

La arquitectura como arte, precisamente emplea las formas constructivas para comunicar y expresar los mensajes que los diseñadores y propietarios de los inmuebles desean entregar a sus usuarios, visitantes o habitantes. Un cierto diseño en circulaciones o accesos invita o repele al usuario, haciéndolo que prefiera ingresar a unos espacios en vez de a otros. Las alturas y tamaños pueden generar en el espectador sensaciones que van desde lo claustrofóbico, lo íntimo y lo cómodo, hasta lo monumental y lo aplastante. La amplitud o estrechez de los espacios, así como su iluminación y uso del color pueden condicionar los comportamientos de quiénes los observan.

Éstos factores no se derivan de consecuencias fortuitas del proceso de diseño, sino que en la gran mayoría de los casos, los arquitectos o diseñadores encargados de un proyecto deben de contar con la sensibilidad artística y emocional adecuada para emplear las formas indicadas para el contexto en el que se desarrollará un proyecto y para favorecer el desarrollo de las actividades que se planea realizar en la futura edificación. Por ejemplo el diseño de edificaciones académicas como escuelas y bibliotecas debe favorecer la concentración y la receptividad, mientras que el diseño de espacios de trabajo debe minimizar las distracciones, cosa contraria en los espacios comerciales, donde se busca entretener y llamar la atención del consumidor, motivándolo a comprar con agrado. En resumen el lenguaje de las formas arquitectónicas se basa en las siguientes tres variables:

  • Escala: El ser humano y sus medidas son el punto de partida para la escala y las medidas de los espacios arquitectónicos, el mobiliario, las circulaciones y espacios deben ser proporcionales a las medidas del ser humano y a las emociones que se busca comunicar. Los espacios pequeños transmiten intimidad, sencillez y calidez, mientras que conforme se van haciendo más grandes transmiten amplitud, movimiento y libertad; sin embargo los espacios demasiado grandes llegan a transmitir una serie de sensaciones que van desde el asombro y la grandeza, hasta el temor y la opresión.
  • Luz y Color: La respuesta de nuestros sentidos a las diferentes tonalidades que presentan las superficies y acabados de una obra arquitectónica nos permiten asociar sus formas a diversos pensamientos. Así un lugar en donde se empleen tonalidades e iluminación fuertes despertará en nosotros pensamientos más activos y apasionados, mientras que en un lugar donde la iluminación sea tenue y los colores apagados nos invitará a ser más solemnes y reflexivos. Los juegos de la luz y el color pueden despertar en los espectadores una amplia variedad de sensaciones que abren la posibilidad a un análisis sumamente amplio.
  • Geometría: Los sólidos, las líneas y espacios creados por las formas constructivas comunican una gran variedad de atributos, mientras que las formas estilizadas transmiten ligereza, temporalidad y refinamiento; las formas voluminosas transmiten permanencia, pesadez, firmeza y monumentalidad. También la suavidad o angulosidad de las formas constructivas juega un papel muy importante, mientras que las formas suaves nos remiten a lo femenino, amigable, accesible y natural, las formas angulosas y rígidas nos remiten a lo confiable, seguro, frío, calculado, técnico y masculino.

Finalmente cabe destacar que los factores sociales, culturales y psicológicos determinarán en una gran manera las sensaciones que observar una cierta obra arquitectónica se despertarán en el observador, lo cual es un factor que muchas veces origina percepciones muy distintas y hasta contrarias sobre un mismo diseño, que no por ello sean correctas o incorrectas, sino que son puntos de vista y formas de pensar cuya valoración debe ser considerada para que un diseño arquitectónico comunique de una manera clara las ideas que lo originan.

Fuentes

  • White, Edward “Manual de Conceptos de Formas Arquitectonicas” Editorial Trillas, México 1979

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