Siempre se ha definido a la arquitectura como una disciplina que debe ser capaz de cubrir algunas de las necesidades más básicas del ser humano, sobre todo en lo que respecta a la habitación; necesidades tales como estar a salvo de las inclemencias climatológicas y tener un espacio donde dormir, alimentarse y realizar otras funciones fisiológicas. Sin embargo, el ser humano, como un ser vivo inteligente, no sólo es un ser con necesidades materiales o físicas, sino con necesidades emocionales y espirituales que también son área de trabajo de la arquitectura y que por lo tanto el diseño arquitectónico debe ser capaz de cubrir de alguna forma éstas necesidades que también tienen su importancia en mantener y mejorar la calidad de vida del ser humano.

Obras de los arquitectos Mario Schjetnan (lado izq., años 90s) y Vladimir Kaspé (lado der., años 60s) como ejemplo de diseños atemporales y de distinta época

Es aquí donde entramos a un estudio más complejo de las formas arquitectónicas, una edificación puramente funcional tiene un aspecto poco cuidado el cual se suele relacionar con las edificaciones industriales, que son espacios diseñados para funciones muy complejas y demandantes que obligan a dejar en un segundo plano el aspecto estético y artístico. Cuando empieza a cuidarse el aspecto estético de una edificación en aras de satisfacer las necesidades emocionales de sus usuarios, proveyendo de un espacio agradable a los sentidos que despierte una variedad de sensaciones placenteras tales como la calma, la alegría y en sí la felicidad; la arquitectura deja de emplear exclusivamente el factor funcional para combinarlo con el factor de la forma, con el cual viene una importante variable del diseño que ubica a un espacio arquitectónico en una determinada época o estilo: la tendencia.

Las tendencias en cuanto a arquitectura y diseño son en sí un tema muy complejo, incluso mucho más que el de la funcionalidad o el de los aspectos técnicos que acompañan a la construcción de un espacio arquitectónico; ya que las tendencias se rigen por factores emocionales y empíricos que son meramente subjetivos, y cuya apreciación depende mucho de los gustos personales del observador, de su entorno cultural y de su entorno social. En otras palabras, el mismo objeto que para un observador puede parecer hermoso y agradable; para otro observador puede ser desagradable y de mal gusto, sin que se pueda determinar imparcialmente cuál de los dos observadores pudiese estar equivocado o tener razón.

Obras de los arquitectos Agustín Hernández (lado izq., años 90s) y Carlos Obregón Santacilia (lado der., años 20s) como ejemplo de diseños fieles a sus épocas

Otro elemento muy importante que caracteriza a las tendencias dentro de la arquitectura y del diseño es su tiempo de vida. En contraste con factores más técnicos dentro del desarrollo de espacios arquitectónicos tales como la ingeniería, cuyos cambios e innovaciones se rigen por los avances tecnológicos; el diseño se rige por otros factores más complejos que ubican a la duración de una determinada tendencia en dos extremos: la moda y la atemporalidad. Prácticamente todos los conceptos de diseño nacen como “adelantados a su tiempo” o como contemporáneos, que es la forma más pura de la moda; de aquí un concepto que puede ser un determinado material, uno o varios usos del color, líneas y formas del diseño, etc.; en un punto deja de ser novedad y entonces puede seguir dos caminos, uno es su olvido indefinido y el otro es su atemporalidad.

Un buen diseño de un espacio arquitectónico, tanto interior como exterior, tiene un adecuado balance entre elementos contemporáneos y entre elementos atemporales, realmente ningún diseño arquitectónico es completamente atemporal ni completamente contemporáneo, pues la arquitectura va alimentándose del conocimiento de épocas pasadas traduciéndolo a las necesidades actuales y futuras. La razón de que deba existir éste balance, es que al mismo tiempo en que la arquitectura debe ser un fiel reflejo de las necesidades y aspiraciones de la época en que se desarrolla, una forma de “ser mejores hoy” también debe de responder de manera satisfactoria al paso del tiempo y ser durable; aparte de que esas mismas cualidades deben servir para que nuestras creaciones arquitectónicas actuales, puedan dejar su ejemplo a las generaciones futuras.

Fuentes

  • Canales, Fernanda, “Arquitectura en México 1900-2010” Fomento Cultural Banamex, México 2014

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